Homilía del 16.5.2021, Domingo 7 de Pascua (B): «Has recibido una carta»

Conclusión del santo evangelio según san Marcos 16,15-20
La Ascensión del Señor

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.» Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Has recibido una carta

En la fiesta de la Ascensión todos hemos recibido una carta. Es la carta de Lucas, un testigo de primera hora, dirigida a Teófilo. Es curioso que este misterioso Teófilo no haya pasado a la devoción popular: no se celebra su fiesta, ni se le dedican parroquias, tampoco, al parecer, se conservan reliquias suyas. Sólo hemos conservado de él esta carta que le escribió Lucas: una carta larga, en dos partes. La primera, todo un Evangelio (el tercero, tal como se suele presentar en las Biblias), la segunda es algo así como el quinto evangelio, el evangelio de la misión, de la transmisión de la Buena Noticia a todo el mundo entonces conocido. Se ve que, desde los primeros tiempos, los cristianos comprendieron que Teófilo (el amigo de Dios) somos cada uno de nosotros (por tanto, también se llama Teófila) y que para cada uno de los que se interesan por Jesús, por el Evangelio, se ha escrito y enviado esta carta. Así que, sintiéndonos personalmente concernidos por lo que Lucas nos envía, nos aprestamos a leer con atención lo que nos quiere decir. Y nos encontramos, en primer lugar, con la Ascensión de Jesús a los cielos. Lucas lo presenta como una cierta culminación del camino terrestre de Jesús y como el comienzo de una nueva etapa, precisamente la de la misión universal de la Iglesia: desde Jerusalén, por Judea y Samaria y hasta los confines del mundo, que para Lucas significan Roma, la ciudad en la que termina la narración, pero no la historia, pues la de Lucas es una narración abierta.

La Ascensión de Jesús a los cielos, esto es, a su Padre, es el movimiento correlativo y complementario al de su Encarnación. En esta última el Logos, la Palabra, el Hijo de Dios se abaja y se inclina para hacerse encontradizo con el hombre. Pablo lo expresa con extraordinaria fuerza en su carta a los Filipenses: “se despojó”, “se humilló”, “tomó la condición de siervo” (cf. Flp 2, 7-8). Ese abajamiento realizado para compartir en todo la condición humana, llegó al extremo cuando asumió la muerte humana: “hasta la muerte y muerte de cruz”. Pero “por eso Dios lo levantó sobre todo” (Flp 2, 9). En la Ascensión, que debemos entender como una manifestación más de la Resurrección, Jesús eleva nuestra condición humana hasta la altura del mismo Dios. Así pues, Dios se abaja en Cristo para elevar al hombre: para restaurar la imagen de Dios que él lleva en sí, y que ha quedado desfigurada por el pecado, y, todavía más, para hacerle partícipe de la condición de hijo de Dios.

Es claro que no debemos entender este “ascenso”, este “subir” en sentido meramente físico, aunque Lucas lo describa de ese modo. A veces se tiene la sensación de que ciertas expresiones antirreligiosas (que hoy en día se están extendiendo con bastante virulencia) son tan ingenuas, si no más, que ciertas formas de creencia religiosa. Recuerdo las clases de filosofía de un viejo profesor soviético en Krasnoyarsk, que hacía frecuentes citas bíblicas, leyendo los textos con la misma literalidad que el más simplón de los fundamentalistas (sólo que a la contra, claro). En ese sentido cabe entender la famosa frase falsamente atribuida a Yuri Gagarin, el primer astronauta, tras su viaje espacial: “no he visto a Dios”. Es evidente que la Ascensión de Jesús no fue un viaje al “arriba” cósmico.

Existen dimensiones “superiores” que sólo se ven si se tiene abierto algo más que los ojos, como le decía el zorro al Principito: “sólo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”. Es de esa altura de la que nos habla hoy la Ascensión: el “altum” que significa al mismo tiempo “profundo”, como le dice Jesús a Pedro: “duc in altum” (Lc 5,4), ve a alta mar, allí donde las aguas son profundas. El pasado domingo comprendíamos que el compendio de la resurrección de Jesús y de nuestra vida en él consiste en el amor, ese “carisma superior”, esa “vía mejor” de la que habla también Pablo en su extraordinario himno a la caridad. No es posible “ver” a Dios elevándose sólo físicamente, incluso aunque uno se eleve hasta el Cosmos. Pero quien se eleva por encima de la superficialidad cotidiana, del egoísmo, de la atención exclusiva a sus intereses más inmediatos y pedestres, puede llegar a “ver” a Dios incluso en las situaciones más difíciles y dramáticas: como los tres jóvenes del libro del Profeta Daniel, que, condenados al tormento, entonan el canto de alabanza a Dios que se puede percibir en toda la creación: “Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, Aguas, Sol y luna, lluvia y rocío…, bendecid al Señor” (Dn 3, 57-88). Y lo mismo le sucede al pobrecillo de Asís, que compuso su cántico de las criaturas en medio de la enfermedad y el sufrimiento: “Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor… Loado seas por toda criatura, mi Señor…”.

La Resurrección de Jesús, por la que ha ascendido al Padre y elevado a la humanidad a esa misma altura, significa el rescate de esas dimensiones superiores y profundas, las más nobles, las que ennoblecen y salvan así nuestra vida, y es la invitación a participar de ellas, a vivir en y de ellas. Es de esta posibilidad abierta para nosotros por Jesucristo de lo que nos habla hoy Pablo en esa otra carta que hemos recibido de él: el espíritu de sabiduría, la iluminación de los ojos del corazón, la compresión de los tesoros que nos ha donado, la posibilidad de una vida superior que nos libera de las ataduras que frecuentemente nos esclavizan, que empieza ya ahora (por el misterio de la cruz y el mandamiento del amor) y que, al ser más fuerte que la muerte, vale para vivir en este mundo y en el mundo futuro.

Todo esto se ha hecho presente en la historia gracias a la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo, y ahora se tiene que comunicar a toda criatura por medio del testimonio de los discípulos. Porque esta altura de la que hablamos no es tampoco algo que está “arriba” sólo para que lo contemplemos. Es preciso caer en la cuenta de algunos peligros encerrados en una mala comprensión de los tesoros que Jesús ha abierto para nosotros. Uno es, precisamente, el del misticismo. De ahí la advertencia de los misteriosos varones vestidos de blanco (que inevitablemente recuerdan las primeras experiencias de la Resurrección): “¿qué hacéis ahí plantados, mirando al cielo?” Hay un aire de reproche o, al menos, de ironía en ese “ahí, plantados”. Efectivamente la altura de que se trata aquí está entre nosotros (es Jesús en medio de nosotros), delante de nosotros: es la misión que él nos confía; en el futuro (“volverá”). Los otros peligros de que debemos hablar hoy se refieren precisamente a la misión y su forma de realización. Esta se puede entender como una campaña de conquista, de imposición de ciertos esquemas culturales. Los “galileos” que se quedaron mirando al cielo le habían preguntado al Señor, justo antes de su Ascensión “¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?” Seguían apegados, al parecer, a viejos esquemas que asociaban el Reino de Dios a una cierta supremacía social y política. Se percibe incluso cierta impaciencia en la pregunta: “¿es ahora cuando por fin, de una vez, vas a restaurar?” Jesús les quita una vez más esa idea de la cabeza: el Reino de Dios no es de este mundo (cf. Jn 18, 30), porque “no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo por el Espíritu Santo” (Rm 14, 17). Es verdad que hoy en día estamos relativamente curados de la tentación de la conquista cultural. Es uno de los aspectos positivos de la secularización. Pero ha habido otra tentación que, tras el Vaticano II vino a suceder a aquel esquema y que sigue en parte vigente. Es la idea de que Jesús vino a “transformar este mundo” en sus estructuras políticas, económicas, sociales, a introducir una especie de revolución, al estilo de las revoluciones sociales y políticas del mundo moderno.

En realidad, tampoco por ahí van los tiros, al menos si se toma esta tensión transformista del mundo de modo unilateral. El Reino no se impone ni se expande ni por vía de conquista, ni por la de la revolución social. La transformación a que llama empieza por el propio creyente: creer y bautizarse. Y la misión que éste recibe es la de “testimoniar”: “seréis mis testigos en Jerusalén, … y hasta los confines del mundo.” En medio de este mundo viejo se ha hecho presente el Reino que es la presencia misma de Jesús, su modo de vida, su nueva forma de relación con Dios (Padre) y con los otros seres humanos (hermanos). Esta presencia es real, sus valores son posibles, el hombre aceptando en fe a Jesucristo, sin dejar de ser lo que es (“galileo”), se convierte en ciudadano de este Reino, lo que, lejos de encerrarlo en nuevas fronteras, lo abre al mundo entero, lo convierte en miembro de Cristo, testigo de su vida, muerte y resurrección. Así que no se trata de conquistar o de transformar con tensión revolucionaria, sino de proponer desde la propia libertad y respetando la de los demás, el testimonio de estas posibilidades superiores que en Cristo se han hecho presentes. En medio de la historia y el mundo viejo hemos descubierto que en Cristo podemos vencer al mal en nosotros (expulsar demonios), abrirnos a dimensiones nuevas (hablar lenguas nuevas, ante todo, el lenguaje del amor), perder todo temor (a serpientes y venenos), hacer el bien sin condiciones (curar enfermedades).

Se podrá decir que los peligros de que hablábamos antes han sido pecados históricos reales de la Iglesia. Es que los discípulos de Jesús somos Galileos, gentes de carne y hueso, iguales que los demás, sometidos a todo tipo de condicionamientos y, por tanto, también a esas tentaciones y expuestos a caer en ellas. Pero esto, con tener sus riesgos, tiene la ventaja de evitar creernos mejores y superiores a nadie. Si nosotros, que somos como todo el mundo, hemos creído y hemos encontrado en esta fe esas posibilidades superiores, más altas y profundas de que nos habla hoy la Ascensión, es que también los demás pueden creer. Además de galileos somos Teófilos, amigos y buscadores de Dios. Y si podemos salir de nuestra aldea galilea y llegar hasta los confines del mundo (que para cada uno es allí donde se encuentra pues ser cristiano es vivir en la frontera) para dar testimonio de la propia fe, es porque confiamos que en cada ser humano, a veces muy en lo profundo, se encierra un Teófilo, deseoso de conocer a Jesús y de “todo lo que fue haciendo y enseñando hasta el día en que, movido por el Espíritu Santo, ascendió al cielo”.

Desde San Petersburgo (Rusia)
José María Vegas, cmf.
Sacerdote claretiano y filósofo

Cardenal Parolin: el afecto de los Papas por la Iglesia en China

El Cardenal Secretario de Estado traza una rápida historia de las relaciones de los Papas y la Santa Sede con la comunidad católica china en el prólogo del libro: “Un puente con China. El Papa y la Delegación Apostólica en Pequín”, del Padre Adel Afif Nasr.

Ciudad del Vaticano, 14 de mayo 2021.- “Las páginas que tenemos ante nosotros son capaces de dar una noble respuesta, que derivan de los esfuerzos del amor del Papa por China. Gracias de nuevo al Padre Adel Afif Nasr y al editor Padre Christian Gabrieli, osb, por el ‘puente’ que simbólicamente han dejado entrever entre la Santa Sede y China”, lo escribe el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado Vaticano, en el Prólogo del libro “Un puente con China. El Papa y la Delegación Apostólica en Pequín (1919 – 1939)”, del Padre Adel Afif Nasr, publicado este 13 de mayo de 2021.

Cercanía con el pueblo chino
El Cardenal Pietro Parolin, presentando la obra del sacerdote de origen libanes – incardinado a la diócesis de Concordia-Pordenone, Italia, que por algunos años fue enviado como sacerdote Fidei donum al Vicariato de Kuwait y Arabia del Norte – señala que el afecto y la cercanía de los Pontífices y de la Santa Sede al pueblo chino se dieron, particularmente, desde 1952, cuando el Papa Pío XII envió la Carta Apostólica Cupimus imprimis, en momento verdaderamente difícil de su historia para consolarlos y exhortarlos paternalmente. “Un momento en el que muchos Obispos, sacerdotes y laicos que se dedicaban a la evangelización – recuerda el Cardenal Parolin – se vieron apartados de su trabajo o impedidos en el ejercicio de sus respectivas actividades”.

Maximum illud, la gran magna charta de las misiones
Este sentimiento de cercanía remite a un impulso constante a lo largo del tiempo por parte de los sucesores de Pedro, afirma el Secretario de Estado; un vínculo muy especial de afecto y estima sinceros, que luego se refleja en las decisiones y formas de entablar relaciones cada vez más fructíferas, fraternas y caritativas con China. “Creo que este es el contexto y el sentimiento, tan auténticamente fundado en el Evangelio, que ha impulsado a la Santa Sede a buscar formas siempre nuevas de relacionarse con China y, al mismo tiempo, el deseo de crear plataformas misioneras capaces de llevar a buen término el proyecto del Papa, que se hizo evidente con Benedicto XV, cuando en 1919 escribió la Carta Apostólica Maximum illud, la gran magna charta de las misiones.

La creación de la Delegación Apostólica en China

El Cardenal Parolin también señala que, su sucesor, Pío XI, sededicó de lleno en el proyecto y, apenas elegido, buscó y encontró la clave que le permitiera abrazar al pueblo chino. Para tener éxito en su proyecto, necesitaba construir un puente sólido, y por eso creó la Delegación Apostólica en China, con el objetivo de servir de enlace para todas las misiones del territorio y, al mismo tiempo, dar la sacudida que la Maximum illud había pedido explícitamente como indispensable. Confió esta representación pontificia a Monseñor Celso Costantini, que se convirtió en un intérprete autorizado y coadyuvante del proyecto y sentó unas bases sólidas para el futuro de las misiones en China.

Se lograron objetivos verdaderamente estratégicos
El futuro Cardenal supo sortear mil dificultades con la política imperante y la presión siempre presente de las naciones extranjeras. A pesar de ello, con la ayuda del Papa y de los distintos Dicasterios romanos, logró alcanzar objetivos verdaderamente estratégicos, fuertemente deseados desde hace tiempo: En primer lugar, la convocatoria del primer (y hasta ahora único) Concilio plenario de China, con representantes de todas las misiones; la descolonización religiosa y una mayor inculturación; un importante desarrollo dado al clero indigeno (este es verdaderamente el objetivo principal de la voluntad expresada por la Maximun Ilud, con el deseo de fundar verdaderamente la plantatio Ecclesiae en China), con el consiguiente nombramiento de los primeros Obispos chinos, muy deseados por el Papa, que él mismo consagró en San Pietro en 1926.

Establecer relaciones diplomáticas directas con China
El Cardenal Pietro Parolin además subraya que, el Delegado Apostólico siempre ha tratado de promover estos sentimientos, a lo largo del período en que permaneció en China. Incluso intentó, en varias ocasiones, instar a la Santa Sede a que estableciera relaciones diplomáticas directas con China a través de un concordato (o de un instrumento diplomático similar), que permitiera las relaciones directas con el Gobierno, sin intermediarios extranjeros. Desgraciadamente, la situación política y diplomática del país no permitió el resultado deseado, pero no cabe duda de que se intentó. Otro esfuerzo se refería a la llamada cuestión de los ritos chinos, una peculiar controversia que la Congregación de Propaganda Fide consiguió finalmente resolver en 1939.

Una gran masa de documentos existentes en la Santa Sede
Todos estos aspectos, naturalmente sólo esbozados, afirma el Secretario de Estado, constituyen la base del excelente trabajo editorial del Padre Adel Afif Nasr, presbítero de la diócesis de Concordia-Pordenone y postulador de la causa de beatificación del Cardenal Celso Costantini. A él se le unió el monje benedictino Padre Christian Gabrieli, osb, que ha editado esta publicación. Sin duda, el autor de esta obra se encontró con la dificultad de sintetizar la gran masa de documentos existentes, especialmente en los archivos de la Santa Sede. Por este trabajo expreso mi profunda gratitud. 

La urgencia del conocimiento mutuo y del diálogo constructivo
Las circunstancias actuales también nos enfrentan a la urgencia del conocimiento mutuo y del diálogo constructivo. Espero que este trabajo sea un paso adelante en esta dirección. El Papa Francisco nos recuerda a menudo que es crucial, para abordar los numerosos problemas que agobian la vida de la Iglesia en China, tener un espíritu de auténtica reconciliación, dejando de lado los malentendidos y las divisiones que son herencia del pasado. ¿Cómo es posible superar esta situación? ¿Cómo podemos eliminar los obstáculos en las relaciones? Las páginas que tenemos ante nosotros son capaces de dar una noble respuesta, que derivan de los esfuerzos del amor del Papa por China. Gracias de nuevo al Padre Adel Afif Nasr y al editor Padre Christian Gabrieli, osb, por el «puente» que simbólicamente han dejado entrever entre la Santa Sede y China.

 

 

 

 

EE.UU: Pésame y oraciones de los obispos por el conflicto entre israelíes y palestinos

El conflicto entre Israel y la Franja de Gaza lleva días produciéndose, con una violencia que se ha intensificado en Jerusalén. Por ello, la Conferencia Episcopal de Estados Unidos (USCCB), a través del Comité Episcopal para la Justicia y la Paz Internacional, expresa sus condolencias e invita a la oración.

14 de mayo 2021.- «Estamos muy entristecidos por lo sucedido», escribe Monseñor David J. Malloy, presidente del Comité Episcopal para la Justicia y la Paz Internacional de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos (USCCB) en un comunicado, «es un ciclo de violencia contra el que nos hemos pronunciado muchas veces. Con gran amor en Cristo Jesús, permanecemos siempre cerca del pueblo de Tierra Santa hasta que la paz de Dios reine en su plenitud, para siempre». Dirigiéndose a todas las partes implicadas, el prelado les insta a «cesar la violencia» porque «la mutilación y el asesinato del prójimo sólo sirven para demonizar al adversario y alimentar las divisiones y la destrucción». «Basta de enfrentamientos», añade monseñor Malloy, relanzando el llamamiento del Papa Francisco en el Regina Coeli del pasado domingo.

La violencia genera violencia

Gaza bajo los bombardeos

Al mismo tiempo, el Usccb recuerda que «hace tiempo que pide que se apoye el status quo de los Santos Lugares, incluido el complejo de Al-Aqsa, punto de gran parte de la violencia de las últimas semanas». De ahí el llamamiento de los prelados a «la necesidad de atenerse al derecho internacional en la resolución de estas disputas», basándose en «la ley moral, los derechos de las naciones y la igual dignidad de todos los pueblos». Los obispos estadounidenses unen su voz a la del Pontífice y otros representantes cristianos que «han pedido a la comunidad internacional que intervenga para promover una paz justa en la Ciudad Santa.» En particular, los prelados ofrecen oraciones «por todos aquellos que legítimamente llaman a Tierra Santa ‘casa’, pues es a través de ellos que llegará la paz duradera». «Que los principales adversarios en este conflicto», concluye la declaración, «reciban la orientación, la fuerza y el coraje que sólo se obtienen desde lo Alto para construir la confianza entre los que están ansiosos de beligerancia».

Isabella Piro (Vatican News) 


Gaza: la guerra no se detiene. El número de víctimas aumenta

La ofensiva contra Gaza «durará el tiempo que sea necesario»: con estas palabras el primer ministro israelí, Netanyahu, dicta largos plazos para la operación sobre la Franja de Gaza, atacada con aviones y tanques, pero no con tropas terrestres. Asimismo, se han lanzado decenas de misiles desde el lado palestino sobre el territorio judío. El número de víctimas aumenta drásticamente.

Ciudad del Vaticano, 14 de mayo 2021.-«Dije que Hamás pagaría un precio muy alto»: así advierte a Gaza el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, con un mensaje en su cuenta de Twitter, anunciando que el ataque continuará, durante el tiempo que sea necesario y con gran intensidad.

Gaza tras los bombardeos

Sin embargo, por el momento, las operaciones no se han confiado a las tropas de tierra, y los ataques están perpetrándose con aviones y proyectiles. La tensión y el número de víctimas siguen incrementando. Ayer, el ejército se desplegó en la frontera con las unidades de infantería y tanques blindados de la Franja, a la vez que convocó a 9.000 reservistas.

El drama de los civiles
Asimismo, los bombardeos continúan: más de 150 objetivos de Hamás, el movimiento que controla la Franja, fueron alcanzados por la aviación del Estado judío.

Y también continúa el lanzamiento de misiles desde Gaza, más de 2.000 desde el comienzo de la crisis. En este contexto, los medios de comunicación locales informan que los palestinos están huyendo del norte de la Franja hacia la ciudad de Gaza, mientras que la población israelí situada a 4 kilómetros de la Franja ha recibido la orden de permanecer encerrada en refugios.

El domingo se celebrará una reunión virtual del Consejo de Seguridad de la ONU, pero la comunidad internacional está dividida en cuanto a la responsabilidad de la escalada de violencia. Mientras tanto, el número de muertos sigue aumentando drásticamente: 9 víctimas israelíes, más de 110 víctimas palestinas, y entre ellas decenas de niños. 

Francesca Sabatinelli


Alegría entre los Salvatorianos por la beatificación de P. Francisco María de la Cruz Jordán

Para alegría de los Salvatorianos del mundo, tendrá lugar en la mañana de este sábado 15 de mayo, en la Basílica de San Juan de Letrán, la Santa Misa con el rito de beatificación del padre Francisco María De la Cruz Jordán, fundador de la Sociedad del Divino Salvador y cofundador (junto con la beata María de los Apóstoles), de la Congregación de las Hermanas del Divino Salvador. Radio Vaticana – Vatican News transmitirá en directo la celebración.

Ciudad del Vaticano, 14 de mayo 2021.- El vicariato de Roma, en un comunicado de prensa emitido este 13 de mayo, ha informado que en la mañana del sábado 15 de mayo a las diez y media de la mañana hora local, tendrá lugar en la Basílica de San Juan de Letrán la beatificación del padre Francisco María de la Cruz Jordán, fundador de la Sociedad del Divino Salvador (Salvatorianos) y, junto a la beata María de los Apóstoles, (Teresa von Wüllenweber) de la Congregación de las Hermanas del Divino Salvador. 

El Padre Francisco María de la Cruz Jordán, fundador de los Salvatorianos y de las Hermanas Salvatorianas, será beatificado el sábado 15 de mayo. La beatificación tendrá lugar durante una solemne concelebración a las 10:30 horas en la Basílica de San Juan de Letrán, que será presidida por el Cardenal Vicario Angelo De Donatis. El rito de beatificación tendrá lugar durante la Santa Misa, antes del Gloria, en presencia del Superior General de la Sociedad del Divino Salvador Padre Milton Zonta y del Postulador General Padre Adam Teneta.

El Venerable Siervo de Dios Juan Bautista Jordán (Francisco María de la Cruz), fundador de los Salvatorianos (Sociedad del Divino Salvador) y de las Hermanas Salvatorianas (Congregación de las Hermanas del Divino Salvador), nació el 16 de junio de 1848 en Gurtweil, en la archidiócesis de Friburgo, Alemania. Debido a la incapacidad de su padre para trabajar, Juan Bautista tuvo que contribuir al mantenimiento de la familia con su trabajo después de la escuela primaria. Deseoso de seguir su vocación sacerdotal, comenzó sus estudios, primero de forma privada, luego durante cuatro años en el Gymnasium de Constanza, y finalmente con estudios de filología y teología en la Universidad de Friburgo. A los 30 años, el 21 de julio de 1878, fue ordenado sacerdote.

Su obispo le envió a Roma para estudiar lenguas orientales en el Instituto Sant’Apollinare. Desde Roma viajó a Tierra Santa y estudió en Ain Warqa, un centro de estudios maronita en el Líbano (1880). En Tierra Santa tuvo clara su vocación de fundar una obra apostólica con el fin de dar a conocer al único Dios verdadero que se reveló en su Hijo, Jesucristo, Salvador del mundo. También se sintió animado por la audiencia privada que tuvo con el Papa León XIII. El 8 de diciembre de 1881, el padre Francisco Jordán fundó la Sociedad Apostólica Instructiva en la capilla de Santa Brígida en Roma. A petición de la autoridad eclesiástica, cambió el nombre por el de Sociedad de Instrucción Católica y finalmente por el de Sociedad del Divino Salvador (Salvatorianos). Dos años más tarde fundó una comunidad femenina, que pronto se convirtió en una congregación completamente independiente de su labor apostólica (Congregación de las Hermanas de la Santísima Madre de los Dolores). El 8 de diciembre de 1888, con la ayuda de Teresa von Wüllenweber, ahora Beata María de los Apóstoles, fundó la Congregación de las Hermanas del Divino Salvador en Tívoli, cerca de Roma.

De acuerdo con su inspiración original, también logró reunir a varios grupos crecientes de laicos, interesados en cumplir la misma misión apostólica de la Iglesia. Motivado por su ardiente celo apostólico y su determinación de utilizar todos los medios y formas que el amor de Cristo pudiera inspirar para lograr el objetivo de su obra, pronto inició nuevos apostolados y su Instituto comenzó a crecer. Ya en 1890 la Congregación de Propaganda Fide le confió la prefectura apostólica de la misión en Assam, en el noreste de la India. Posteriormente, la obra del Padre Francisco Jordán comenzó su ministerio en varios países de Europa y América. En 1915, con la intensificación de la Primera Guerra Mundial, el gobierno de la Sociedad tuvo que trasladarse a Suiza. El Siervo de Dios murió el 8 de septiembre de 1918 en Tafers, cerca de Friburgo (Suiza), y fue enterrado, por orden del obispo diocesano, en la iglesia parroquial. En 1956 sus restos mortales fueron trasladados a Roma y colocados en la capilla lateral de la Casa Madre de la Sociedad del Divino Salvador. Su proceso de beatificación se inició en Roma en 1942; el padre Francisco Jordán fue declarado venerable el 14 de enero de 2011 por el papa emérito Benedicto XVI y el decreto del milagro fue aprobado el 19 de junio de 2020 por el papa Francisco.

 

El Papa: «Sin natalidad no hay futuro. Mujeres no escondan su vientre»

El Pontífice inaugura los Estados Generales de la Natalidad promovidos por el Foro de Asociaciones Familiares junto con el primer ministro italiano Mario Draghi. El Papa critica la situación en la que se encuentran tantas mujeres en el trabajo, temerosas de que un embarazo pueda suponer un despido, hasta el punto de llegar a ocultar su barriga.

Ciudad del Vaticano, 14 de mayo 2021.-Por un lado, el «desconcierto por la incertidumbre laboral», por otro, los «temores dados por los costes cada vez menos sostenibles de la crianza de los hijos» y la «tristeza» por las mujeres «que en el trabajo se ven desanimadas a tener hijos o tienen que esconder la barriga». Todas ellas son «arenas movedizas que pueden hundir a una sociedad» y contribuyen a hacer aún más «frío y oscuro» ese invierno demográfico que ya es constante en Italia. El Papa Francisco inauguró los trabajos de los Stados Generales de la Natalidad, el encuentro promovido por el Foro de Asociaciones Familiares en el Auditorium de la via de la Conciliazione en Roma y dedicado al destino demográfico de Italia y del mundo.

Asistencia del Primer Ministro italiano Mario Draghi

El Pontífice llegó hacia las 9:00 horas al vestíbulo de la gran estructura situada a pocos pasos de la Plaza de San Pedro. El Primer Ministro, Mario Draghi, también está presente, y a su discurso le seguirá el de otros invitados en tres mesas temáticas: representantes de bancos, empresas, compañías de seguros, medios de comunicación, deportes, todos reunidos para debatir y contar de forma coral el tema de la natalidad en un país que ha visto reducirse los nacimientos en un 30% de aquí a 2020.

La mitad de los jóvenes piensa tener más de dos hijos
Esta es precisamente la tendencia que hay que «invertir» para «volver a poner a Italia en movimiento, a partir de la vida, a partir del ser humano», dice Francisco al comienzo de su discurso, en el que dirige su pensamiento sobre todo a los jóvenes cuyos sueños se han roto en el hielo de este duro invierno, desanimados hasta el punto de que «sólo la mitad cree que podrá tener dos hijos en su vida».

«Italia se encuentra así desde hace años con el menor número de nacimientos de Europa», señala el Pontífice, «en lo que se está convirtiendo en el viejo continente no ya por su gloriosa historia, sino por su avanzada edad.»

«Cada año es como si una ciudad de más de doscientos mil habitantes desapareciera, en 2020 tocó el número más bajo de nacimientos desde la unidad nacional: no sólo por Covid, sino por una tendencia continua y progresiva a la baja, un invierno cada vez más duro».

Padres desgarrados entre el hogar y el trabajo, los abuelos botes salvavidas
El Papa cita al Presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, cuando reiteró que «las familias no son el tejido conectivo de Italia, las familias son Italia». A continuación, dirige su mirada a la realidad de las muchas familias que en estos meses de pandemia «han tenido que hacer horas extras, dividiendo sus hogares entre el trabajo y la escuela, con sus padres actuando como profesores, técnicos informáticos, obreros, psicólogos». Sin olvidar los «sacrificios» que se exigen a los abuelos, «verdaderos botes salvavidas para las familias», así como «la memoria que nos abre al futuro».

«Para que el futuro sea bueno, es necesario, por tanto, atender a las familias, especialmente a las jóvenes, asaltadas por preocupaciones que corren el riesgo de paralizar sus proyectos de vida».

Es triste ver cómo las mujeres se ven obligadas a ocultar su barriga en el trabajo

A propósito de parálisis, el Papa critica la situación en la que se encuentran tantas mujeres en el trabajo, temerosas de que un embarazo pueda suponer un despido, hasta el punto de llegar a ocultar su barriga.

«¿Cómo es posible que una mujer sienta vergüenza por el regalo más hermoso que la vida puede ofrecer? No la mujer, sino la sociedad debería avergonzarse, porque una sociedad que no acoge la vida deja de vivir. Los niños son la esperanza que hace nacer a un pueblo».

Un aplauso al cheque único
Por parte del Obispo de Roma, también se elogia la aprobación de la asignación única para cada niño. Se espera que «este subsidio responda a las necesidades concretas de las familias, que han hecho y hacen tantos sacrificios, y marque el inicio de reformas sociales que pongan a los niños y a las familias en el centro». Si las familias no están en el centro del presente, no habrá futuro; pero si las familias vuelven a empezar, todo volverá a empezar.

La primacía del don
El escenario es difícil y el futuro incierto, pero el Papa Francisco ya ve una «primavera» en el horizonte. Para llegar a ella ofrece tres «pensamientos». En primer lugar, el «don»:

«Todo don se recibe, y la vida es el primer regalo que cada persona ha recibido… Estamos llamados a transmitirlo. Y un niño es el mayor regalo para todos y es lo primero».

«La falta de hijos, que provoca el envejecimiento de la población, afirma implícitamente que todo acaba en nosotros, que sólo cuentan nuestros intereses individuales». La «primacía del don» se ha olvidado, sobre todo en las sociedades más acomodadas y consumistas. «De hecho, vemos que donde hay más cosas, suele haber más indiferencia y menos solidaridad, más cerrazón y menos generosidad».

Sostenibilidad generacional

El segundo pensamiento es la sostenibilidad. Sostenibilidad económica, tecnológica y medioambiental, por supuesto, pero también «sostenibilidad generacional». «No podremos alimentar la producción y proteger el medio ambiente si no estamos atentos a las familias y los niños. El crecimiento sostenible viene de aquí»: esto es lo que dice el Papa Francisco, pero es ante todo la historia la que nos lo enseña con la reconstrucción de la posguerra. «No hubo reinicio sin una explosión de nacimientos». E incluso hoy, en la «situación de reinicio» en la que nos encontramos a causa de la pandemia, «no podemos seguir modelos de crecimiento miopes, como si para prepararnos para el mañana sólo hicieran falta algunos ajustes apresurados. No, la dramática tasa de natalidad y las aterradoras cifras de la pandemia exigen un cambio y responsabilidad».

Mantenerse joven no es hacerse selfies y retocarse, sino poder reflejarse un día en los ojos de sus hijos
El Papa cuestionó entonces la escuela, que «no puede ser una fábrica de nociones que se vierten sobre los individuos», sino «un tiempo privilegiado de encuentro y crecimiento humano». En la escuela, en definitiva, no sólo «notas» sino «rostros» para madurar, porque «para los jóvenes es fundamental entrar en contacto con modelos elevados, que formen el corazón además de la mente».

«Es triste ver a modelos que sólo se preocupan por aparentar, siempre guapas, jóvenes y en forma. Los jóvenes no crecen gracias a los fuegos artificiales de la apariencia, maduran si se sienten atraídos por quienes tienen el valor de perseguir grandes sueños, de sacrificarse por los demás, de hacer el bien al mundo en que vivimos. Y mantenerse joven no pasa por hacerse selfies y retocarse, sino por poder reflejarse un día en los ojos de sus hijos».

A veces, de hecho, «se transmite el mensaje de que realizarse significa ganar dinero y tener éxito, mientras que los hijos parecen casi una diversión, que no debe obstaculizar las aspiraciones personales». Esta mentalidad es, según Francisco, «una gangrena para la sociedad y hace insostenible el futuro».

Solidaridad estructural
La tercera palabra es, finalmente, «solidaridad». Una solidaridad «estructural», es decir, no ligada a la emergencia sino estable para las estructuras de apoyo a las familias y de ayuda a los nacimientos.

«En primer lugar, se necesitan políticas familiares amplias y con visión de futuro: no basadas en la búsqueda de un consenso inmediato, sino en el crecimiento del bien común a largo plazo. Aquí radica la diferencia entre gestionar los asuntos públicos y ser buenos políticos. Es urgente ofrecer a los jóvenes garantías de un empleo suficientemente estable, seguridad para sus hogares, incentivos para no abandonar el país».

Economía, empresas que promueven vidas y no sólo beneficios

Esta tarea concierne también de cerca a la economía: «¡Qué maravilloso sería ver aumentar el número de empresarios y empresas que, además de producir beneficios, promueven la vida, que estén atentos a no explotar nunca a las personas con condiciones y horarios de trabajo insostenibles, que llegen a distribuir parte de las ganancias a los trabajadores, con el fin de contribuir a un desarrollo inestimable, el de las familias!», exclamó el Papa. «Es un reto no sólo para Italia, sino para muchos países, a menudo ricos en recursos, pero pobres en esperanza».

Formar informando: una información «tamaño familiar»
La solidaridad también debe declinarse en el ámbito de la información, sobre todo hoy que «están de moda los giros y las palabras fuertes». Por otra parte, «el criterio para formar informando no es la audiencia, ni la polémica, sino el crecimiento humano». En otras palabras, lo que se necesita es una «información de tamaño familiar», en la que se hable de los demás «con respeto y delicadeza, como si fueran sus propios parientes» pero que, al mismo tiempo, «saque a la luz los intereses y las tramas que perjudican el bien común, las maniobras que giran en torno al dinero, sacrificando a las familias y a las personas».

«Sin natalidad no hay futuro»
Para terminar, una palabra sencilla y sincera: «Gracias». «Gracias a cada uno de ustedes y a todos los que creen en la vida humana y en el futuro. A veces te sentirás como si estuvieras clamando en el desierto, luchando contra molinos de viento. Pero adelante, no te rindas, porque es hermoso soñar lo bueno y construir el futuro. Y sin natalidad no hay futuro».

Salvatore Cernuzio

La ciudad de san Isidro

El cronista árabe Ibn Hayyan atribuye la fundación de Madrid, a mediados del siglo IX, al impulso reorganizador y constructivo en la frontera media de Muhammad. A priori, se perseguía un doble efecto: estabilizar las fronteras septentrionales de al-Ándalus e integrar los territorios insumisos al poder del Estado cordobés. A partir de este momento, una extensa región, equivalente a las actuales provincias de Madrid, Guadalajara y buena parte de Toledo, comenzará a dinamizarse más eficazmente.

Entendemos que la fundación de Madrid debería comprenderse como un paso decisivo en la islamización de una región que aún mantiene una robusta herencia visigoda. De aquel momento contamos con un extraordinario patrimonio monumental, como el primer recinto, identificado como emiral, con un perímetro aproximado de 850 metros y cuatro hectáreas de superficie útil.

Mayrit, transformada en medina por Abd al-Rahman III, en el primer tercio del siglo X, atraería a numerosos colonos, familias que se irían instalando en los espacios extramuros de la almudaina, generando así varios arrabales. El periodo de máxima expansión demográfica y en hectáreas ocupadas se conseguiría a lo largo del siglo XI. El solar habitado estaba dividido en dos extensos barrios separados por el arroyo de San Pedro o vaguada de la calle de Segovia. Uno crece a oriente y al norte de la ciudadela, con el arroyo del Arenal y el barraco de la calle Escalinata como marcas geográficas. El otro, desarrollado alrededor de la colina de San Andrés, con las Vistillas y las cavas de San Francisco y San Miguel como limitadores. Más complicado es conocer el modelo de vivienda usual, aunque por los escasos datos disponibles tendríamos cabañas de postes y residencias en cueva.

Frente a la carencia de estructuras de habitación, otros vestigios son más frecuentes, la mayoría ligados al abastecimiento de agua. Son numerosos los ejemplos de pozos junto a una compleja red de qanats. Curiosamente, uno de estos viajes de agua discurre a pocos metros de la Casa de San Isidro. Tanto por el tamaño de los pozos, como por la distribución de estos en distintas zonas de los arrabales, parece que estamos ante un modelo de granja familiar periurbana dependiente de pequeños propietarios. En cualquier caso, este conjunto contaría con la vivienda principal y otras instalaciones accesorias, como corrales, noria de sangre, alberca y huertos. Es decir, los musulmanes madrileños se dedicaban a la tradicional actividad agropecuaria, con agricultura de secano e irrigada; al pastoreo, pero también producían ciertas manufacturas, como la alfarería o los curtidos. Entre las especies cultivadas han sido identificadas la cebada, el trigo, el centeno, el melón, las coles, el ajo, habas y árboles frutales.

Distinto es el uso de los alrededores de la plaza de la Cebada, anexa a la iglesia de San Andrés, pues aquí se localizaría una extensa maqbara. El cementerio de rito coránico tendrá un prolongado uso hasta principios siglo XVI. En cuanto a los edificios religiosos, Madrid contaría con varias mezquitas: la mayor en la desaparecida iglesia de Santa María, y otras de barrio, como la iglesia de San Nicolás.

Aunque no se han encontrado vestigios que lo certifiquen, la tradición historiográfica insiste en la presencia de un reducido grupo de mozárabes. Dicha comunidad habría estado ubicada en el entorno de las Vistillas. De hecho, aquí fue erigida la parroquia de San Andrés, lugar que custodiaba el arca con los restos de san Isidro

Tras la capitulación de Toledo, en 1085, se pone en marcha una nueva fase historia. Y aquí nos encontramos a Isidro (1082-1172), el labrador, un observador privilegiado que contempla cómo llegan a la villa nuevos colonos. Originarios de la meseta norte se mezclarán con los mozárabes locales y con los pocos musulmanes que habían decidido quedarse en Madrid. Vivir en la frontera durante el siglo XII no será sencillo. Tampoco consolidar la nueva sociedad cristiana surgida en este momento.

Antonio Malalana
Universidad CEU San Pablo
23 de mayo 2021

Carta semanal de Carlos Osoro, cardenal arzobispo de Madrid: «San Isidro Labrador no fue un superhombre»

Se acerca la fiesta del patrón de Madrid, san Isidro Labrador. Es para mí una gracia inmensa recordaros con este motivo que la meta de nuestra existencia es la que todos los santos han buscado. Lo describe muy bien el apóstol san Juan: «Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es» (1 Jn 3, 2). Qué bien viene escuchar al Señor cuando nos dice: «Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando» (Jn 15, 14). Sí, san Isidro fue un amigo entrañable del Señor en la vida diaria de familia y trabajo. Abrió las puertas de su vida y de su familia de par en par a Jesucristo; no tuvo miedo y quiso mostrárselo a quienes se acercaban a él. Lo hacía con la fuerza que le venía de Dios. Su testimonio de fe, de amor y de valor apostólico estuvo acompañado, además, de su gran humanidad.

En el pueblo de Madrid, ¿qué huellas han quedado después de tantos siglos? Sin lugar a dudas han sido tres: la oración, su cercanía a todas las gentes sin distinción y su amor por la justicia y la misericordia. Los testimonios históricos que poseemos nos dicen que san Isidro tenía tiempo para la oración, para hablar con Dios, para comunicarse con Él. Era una prioridad en su vida personal y en su vida familiar. Una tarea diaria tan esencial que nunca la olvidó. Para san Isidro, comunicarse con Dios, escucharlo, era imprescindible; tenía tiempos y momentos precisos y señalados para orar. Por otra parte, se sentía impulsado a vivir en la cercanía a las gentes de su tiempo y del lugar; él no era un hombre separado del pueblo, buscaba a sus vecinos, nunca se escondió de nadie y a todos hacía llegar la experiencia de Aquel en quien creía. Y también vivió con un amor singular por la justicia y la misericordia que siempre van unidas, pues no podemos hallar la una sin la otra.

Qué belleza adquiere la vida de este santo trabajador del campo cuando lo vemos en el marco de su familia, como esposo y padre. Siempre fue en busca del encuentro, del diálogo, de ayudar al otro, de difundir la fe y el amor. Para sus vecinos fue un padre y un esposo ejemplar. Tenemos una herencia que nos legó este santo madrileño: la familia cristiana vivida como lo que es, una iglesia doméstica en la que crece el amor de Dios. ¡Qué testamento más maravilloso para las familias! Os invito a acoger este testamento de san Isidro y a visitar los lugares donde vivió.

Hoy hablamos de la ecología integral, usando palabras del Papa Francisco, y hacemos muy bien. Es verdad que han pasado muchos siglos, pero san Isidro nos enseña a cuidar de lo que es más débil y a preocuparnos por todo lo que tenemos alrededor, buscando y cultivando el sentido profundo que tiene la vida abierta a Dios para no caer en la cómoda cerrazón en uno mismo. San Isidro se abrió a Dios y vio la necesidad de abrirse a cuidar todo lo que Dios había creado: la naturaleza y los hombres. Amaba y era amado por su entrega generosa, por su alegría, por su generosidad, por dejar de pensar solo en sí mismo, por su simplicidad de vida… Y sigue siendo un santo querido y conocido por millones de personas, no solo en España o Iberoamérica, sino en el mundo entero.

San Isidro es un santo que el pueblo hizo grande. Sobre todo, lo admiraban por ser un hombre como los demás, pero que hizo de su familia y de su trabajo un testimonio elocuente de una fe vivida en lo cotidiano y escondido. Vieron en él y en toda su familia una acogida de la gracia que se nos da en Jesucristo, esa que cambia el corazón, que nos hace sentir que Dios es bueno, que nos ama y nos hace sus amigos, que nos elige para formar parte de su pueblo y dar testimonio vivo de Él.

En nuestro patrón podemos ver con claridad lo que a veces no vemos. Creemos en muchas ocasiones que los santos son superhombres, que nacieron perfectos. Pero mirémoslos en su verdad: son hombres como nosotros. La única diferencia es que supieron acoger el amor de Dios y dedicaron su vida a entregar ese amor a los demás.

En esta línea, en este tiempo de pandemia, quiero compartir tres ideas con vosotros los madrileños, cristianos y hombres y mujeres de buena voluntad:

1. Ser santo no es un privilegio de unos pocos, tú también puedes serlo. Esto quiere decir que asumes tener un rostro, el de Jesucristo, que vive no para sí mismo sino para los demás, sean quienes sean, pues somos hermanos todos. ¿No crees que estas presencias urgen en nuestra sociedad?

2. Pregunta a quienes encuentres por el camino: ¿sabes lo que significa en tu vida estar bautizado? Ni pierdas tú ni hagas perder a nadie esta herencia que da el Bautismo, el privilegio de ser santos, hijos de Dios. Piensa que una sociedad cambia con hombres y mujeres que hacen presente a Dios. ¡Cuántas personas adultas encuentro en Madrid que me piden el Bautismo! Doy gracias a Dios.

3. Acoge el mensaje de san Isidro, que nos dice: «Fíate del Señor». Él nunca defrauda, no decepciona, es un buen amigo y consejero, quita el miedo a ir a contracorriente. Siente la urgencia de ser signo visible del amor mismo de Dios, como esposo o esposa, como hijo, como padre, como amigo, como trabajador, y siempre en comunión con Él y al servicio de los hermanos.

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos, Cardenal Osoro
Arzobispo de Madrid

Entrevista a Mari Paz Artolazábal: «Perdonar no solo es posible, es necesario»

La viuda del periodista José Luis López de Lacalle, asesinado por ETA el 7 de mayo del año 2000, sabe que «seguir a Jesús de Nazaret no es fácil», pero hoy afirma que «ya he perdonado y puedo rezar el padrenuestro completo»

13 de Mayo de 2021.- Hoy ya no es catequista de su parroquia de Andoáin «porque ya quedan pocos niños», pero Mari Paz Artolazábal siempre ha estado implicada en la vida cotidiana de la Iglesia, en Acción Católica y otros grupos. «En mi casa rezábamos el rosario todos los días. Yo he recibido la fe de mis padres, y creo que nunca podré agradecérselo lo suficiente», asegura. El 7 de mayo del año 2000, dos cachorros de ETA mataron a su marido, José Luis López de Lacalle. Cuando en el portal de casa se encontró con su marido muerto, su único asidero fue aquella herencia que le dejaron sus mayores: «Mi vida han sido la fe y Dios, y ha sido eso lo que me ha salvado durante todo estos años».

La viuda de López de Lacalle (derecha) y Maider Laínez, alcaldesa de Andoáin,
recordaron al periodista el 7 de mayo. (Foto: PSE-EE de Gipuzkoa)

Su marido fue militante del Partido Comunista, fundador de Comisiones Obreras, intelectual comprometido… ¿Cómo era José Luis en casa?
Igual que en la calle: una buenísima persona, un buen padre y un buen marido. No podía soportar ver una injusticia. Siempre estaba preocupándose por el que menos tenía. Era socio de Cáritas y de otras ONG. No podía ver sufrir a la gente y era muy generoso. Había recibido una educación religiosa en su casa y eso se notaba.

¿Qué le pasó a usted por dentro después de aquel 7 de mayo? ¿Se rebeló o rezó más?
Rebelarme nunca, porque de lo que hagan los hombres no tiene culpa Dios. Él nos ha dado libertad a todos. Yo nunca me rebelé. Eso sí, me costó rezar completo el padrenuestro, sobre todo el momento del perdón.

¿Y hoy?
Hoy ya lo puedo rezar entero. Hoy ya he perdonado. Nos ayudó gente de Iglesia, sacerdotes y otras personas, con charlas y demás. Pero la ayuda sobre todo me vino de arriba. Eso lo tengo clarísimo. Dios es amor, y no somos nosotros los que vamos a Él, es Él el que viene hacia nosotros. ¿Quién nos conoce mejor que Él? Nadie.

¿Qué le pasa por la cabeza cuando piensa en aquellos que mataron a su marido?
Entonces eran unos chicos, uno de ellos tenía la misma edad que mi hijo. Me dan pena. Han echado su vida por la borda. Y no solo la suya, también la nuestra. Siempre me acuerdo de Jesús de Nazaret, que iba perdonando, sanando y amando y que, cuando estaba en la cruz, murió perdonando. Si quiero ser seguidora de Jesús, no puedo hacer otra cosa que lo que hizo Él. Aunque soy consciente de que hacerlo a veces no es fácil.

La Escritura dice que Dios guarda todas las lágrimas en su odre. ¿Dónde están las suyas?
Yo he llorado mucho. A mí me ha gustado siempre cantar. Es algo de familia; tengo parientes que han sido compositores. Pero cada vez que iba a Misa, en cuanto sonaba una canción, rompía a llorar. Lloraba y lloraba todo el rato. Muchas veces me he acordado de la Virgen. En mis soledades la he tenido muy presente. Con todo lo que pasó su Hijo, ¿cómo no iba a sufrir? Ponte en su lugar. Pero los creyentes sabemos que en el Calvario no acabó la cosa. Al tercer día resucitó…

Tiene dos hijos. ¿Cómo han vivido ellos todos estos años?
En mi casa no hay odio. Mi hijo incluso llegó a hablar con un miembro de ETA arrepentido, de otro comando, uno con el que yo también hablé. Este hombre llegó a decirme que si pudiera volver años atrás, lo haría. La gente debería tener otra oportunidad en la vida. Cuando al acabar la conversación mi hijo y él se dieron la mano, di gracias a Dios.

Entonces, ¿es posible el perdón?
No solo es posible, sino que es necesario. Repito: es necesario perdonar. La paz interior que sientes cuando perdonas… ¿Tú sabes lo que es? Eso es un tesoro. Me gustaría que mi testimonio ayudase a la gente que no puede perdonar. Si a nosotros Dios nos perdona todo, ¿cómo no vamos nosotros a perdonar?

El mismo paraguas de color rojo

Ese 7 de mayo del año 2000 lloviznaba en Andoáin, y a José Luis López de Lacalle no le gustaba que se le mojaran los periódicos. Así que el paraguas rojo que fue testigo de su asesinato se quedó abierto hasta que alguien, posiblemente un ertzaina, lo cerró horas más tarde. 

Esa imagen se ha quedado grabada en la retina de muchos, como si ese objeto estuviera ahí para desmentir la tormenta de dolor y violencia que yacía a apenas un metro de distancia. 

El escritor Fernando Aramburu se valió de esa imagen para ilustrar su aclamada obra Patria, de la que hace poco se ha estrenado una versión televisiva. El propio Aramburu lo recordó en su Twitter el pasado 7 de mayo: «21 años de aquel paraguas rojo», escribió. Más de dos décadas después, hay heridas que siguen abiertas. Como el paraguas. Y del mismo color.

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo



Más de cuatro millones de personas en España reciben asistencia social por parte de la Iglesia

La Conferencia Episcopal presenta la Memoria de Actividades correspondiente al año 2019, donde se aprecia un notable descenso en el número de bautismos, primeras comuniones y matrimonios.

13 de Mayo de 2021.- Para entender la dimensión de la Iglesia católica en nuestro país basta con acercarse cada año a la Memoria de Actividades. La de este año, que se acaba de presentar y que se corresponde con el ejercicio de 2019 –antes de la pandemia–, sigue en la línea de los últimos años. Se trata de más de 100.000 datos que recogen muchas luces –los cuatro millones de personas atendidas en el ámbito social– y alguna sombra como el descenso acusado de bautismos, primeras comuniones, confirmaciones y matrimonios.

Este trabajo ha supuesto un gran esfuerzo de transparencia que se ha ido mejorando a lo largo de los años. De hecho, además de la comprobación de la propia memoria por PwC, se han auditado ya el 75 % de las diócesis españoles y más de 240 parroquias.

¿Quién integra la Iglesia?

  • 70 diócesis con 22.993 parroquias, más de 11.000 rurales. Atienden las parroquias 16.960 sacerdotes y 465 diáconos permanentes.
  • 411 institutos religiosos a los que pertenecen 37.286 religiosos que se reparten en 4.641 comunidades.
  • 8.739 monjes y monjas de clausura viven en los 751 monasterios que hay en España.
  • 13.443 entidades religiosas y asociaciones de fieles promueven múltiples iniciativas.
  • 86 asociaciones y movimientos de laicos
  • de ámbito nacional reúnen a 413.325 miembros.

«Es un deber dar cuenta de las actividades de la vida de la Iglesia, pero sobre el deber emerge el agradecimiento a tantas personas que son la Iglesia y que lo expresan a través de su hacer. En los números que presentamos hay muchos rostros», ha explicado el secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española (CEE).

Como es habitual, la Memoria Anual de Actividades de la Iglesia ofrece un recorrido por los diferentes ámbitos en los que la Iglesia desarrolla su misión: pastoral, evangelización, cultura, educación, celebración de la fe, caridad.

Descenso en bautizos, matrimonios y primeras comuniones
Llama la atención el gran aumento de la asistencia regular a la Eucaristía, que pasa los 8,3 millones de personas del ejercicio anterior a los más de nueve millones de este. Una cifra que contrasta con el descenso acusado de los bautismos (de 193.394 a 175.844), las primeras comuniones (de 222.345 a 204.618), las confirmaciones (de 129.171 a 124.258) y los matrimonios (de 41.975 a 36.650).

Actividad celebrativa

  • 175.844 bautizos
  • 204.618 primeras comuniones
  • 124.258 confirmaciones
  • 36.650 matrimonios
  • 25.122 unciones de enfermos
  • 130 ordenaciones sacerdotales
  • Más de 9,3 millones de personas asisten a misa regularmente.

A nivel asistencial, la Iglesia atendió durante 2019 a más de cuatro millones de personas en los 9.163 centros de la Iglesia. Estos centros, que ayudan a resolver problemas sociales –pobreza, paro, violencia, soledad…–, han crecido en 44 en el último ejercicio, una línea que se ha mantenido desde 2010. Desde ese año han aumentado en un 71,69 %, o lo que es lo mismo, en 3.826.

«La Iglesia está presente en todos los problemas y carencias de la sociedad y tiene una repuesta para ellos», ha explicado Ester Martín, directora de la Oficina de Transparencia de la CEE, que ha añadido que los fondos que las diócesis han dedicado en 2019 a la actividad asistencial han crecido en nueve millones de euros.

Martín ha destacado la atención que ofrece la Iglesia a los migrantes, a las mujeres vulnerables, a los que sufren la pobreza y también en el ámbito sanitario donde, ya antes de la pandemia, la Iglesia contaba con una gran presencia. De hecho, la pastoral de la salud integra 20.707 voluntarios, 1.200 capellanes hospitalarios, 2.863 parroquias con grupos de atención y 186.341 personas acompañadas cada mes.

Millones de horas para la sociedad y ahorro al Estado
Por otra parte, cabe destacar a nivel pastoral las 30 millones de horas que dedican los sacerdotes, una cifra que asciende a 44 millones si se suman las de laicos y voluntarios. También la aportación económica al Estado, ya sea en forma de ahorro o de ingresos, de la educación, cultura o patrimonio católicos.

Una Iglesia que anuncia

  • 96.470 catequistas
  • 2.564 centros católicos dan clase a 1,52 millones de alumnos
  • 3.337.917 alumnos que eligieron Religión
  • 15 universidades de la Iglesia
  • 10.893 misioneros en 135 países

En referencia a la economía diocesana, Ester Martín ha afirmado que los datos que tienen que presentar las diócesis –en línea con lo recomendado por el Tribunal de Cuentas– debe incluir todos los ingresos y gastos y no solo el balance final. Del análisis de esos datos, se concluye que el 65 % de las diócesis españolas tuvo superávit frente al 35 % que presentó déficit, lo que indica que la situación económica de las diócesis mejoró ligeramente con respecto al ejercicio anterior, cuando cuatro de cada diez estaba en pérdidas.

Descargar aquí la Memoria Anual de Actividades de la Iglesia católica en España del año 2019

Fran Otero