Rubén I. González: desde muy pequeño sentí la llamada del Señor

 

Sacerdote desde 2005, tras seguir sus estudios en el Seminario Conciliar de Madrid,  Rubén Inocencio González es desde hace unas semanas el nuevo vicario de la Parroquia de Santa María. Confiesa que llega muy ilusionado y considera que esta parroquia es un regalo de la Virgen. Con anterioridad ha estado en Nuestra Señora del Consuelo en el barrio de Vallecas y en la Asunción de Nuestra Señora en Torrelodones.

  • ¿Cuál es su impresión de la comunidad parroquial?
  • Desde el principio noté el calor de una comunidad, empezando por José Fernando y Dúber. Me encantaba ver la cantidad y la variedad de los diferentes grupos y el compromiso de fe, especialmente de los jóvenes, dando de su tiempo y de sus ganas para Cristo. Me sentí parte de una familia en la que juntos caminamos hacia Dios y a la vez ser “sal y luz” para los que aún no le conocen.
  • ¿Cómo es su jornada diaria?
  • Mi jornada diaria comienza y termina con oración. Sin la oración no soy nada. Necesito estar a solas con Dios para no convertirme en un “funcionario de la Iglesia” sino ser de verdad sacerdote y pastor. El momento más importante es la celebración de la Eucaristía, bien por la mañana o por la tarde. Es impresionante que Jesucristo se haya quedado tan cerca de nosotros y poder meterme a diario en su Sacrificio de amor; la Eucaristía es lo mejor que hago y lo mejor que ofrezco al Pueblo de Dios. En el resto del día me dedico a recibir personas para confesar, o simplemente escuchar y acompañar, participar y animar los grupos, preparar materiales de formación, visita a enfermos… La jornada es muy larga, pero los curas ya sabemos que nuestra vida ya no es nuestra sino que le pertenece a Cristo para desgastarla por los demás a tiempo y a destiempo.
  • Además es ud. coordinador de la pastoral vocacional de la Vicaría VII,  pero ¿qué es la pastoral vocacional?
  •  La Pastoral Vocacional consiste en fomentar la “cultura vocacional” es decir, Dios tiene un proyecto de amor para cada persona y para que se realice dándose a los demás, especialmente en el ministerio sacerdotal, en la vida religiosa o en la familia. La vida es una llamada de Dios para ser amados y amar. Para ello, desde la Delegación Diocesana se ofrecen encuentros de discernimiento, oración y celebración para ayudar a las personas a descubrir qué quiere Dios para ellos y reconocerle presente en sus vidas.
  • ¿Cuál va a ser su trabajo?
  • Mi labor como Coordinador de la Vicaría VII es promover estas actividades en el territorio de la Vicaría y colaborar con el Delegado Episcopal para seguir fomentando en nuestra Diócesis la cultura vocacional, en estrella relación con la pastoral de juventud y la pastoral familiar.
  • ¿Estas acciones son parte de la Nueva Evangelización y del Año de la Fe?
  • La Nueva Evangelización es un “reciclaje en la Fe” que pasa también por descubrir que no estamos solos y que nuestra vida es siempre camino, llamada (vocación) hacia una meta en la que somos acompañados y guiados por la mano amiga de Cristo. Nosotros no somos un producto de casualidades sino de “causalidades”.
  • Su vocación. ¿Cuándo y cómo se dio cuenta de ella?
  • El descubrimiento de la llamada del Señor fue muy temprano, en torno a los ocho años. Siento que Dios ha estado muy cerca de mí desde que yo era muy pequeño y Él me llevó a mi “segunda casa”, la parroquia. Debo mucho a la Iglesia Católica. En el contacto con los sacerdotes y con cristianos que estaban muy cerca de Jesús yo aprendí lo bueno y bello de la vida y especialmente a afrontar las dificultades diarias desde la Fe.
  • ¿Cuál es en este momento su más firme deseo?
  • Mi deseo es ponerme a disposición de todos mis hermanos de Santa María, con ilusión y agradecimiento. En la unidad está la fuerza y por eso creo firmemente que juntos, con Cristo, seguiremos haciendo de nuestra parroquia un lugar de acogida y esperanza para todos los que lo necesitan.

 

Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo.
Corintios 2 4:6

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