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Comenzaron las charlas-coloquio de la parroquia Santa María “Conversaciones en Majadahonda”

El primer invitado ha sido el periodista y profesor de la Universidad CEU- San Pablo José Francisco Serrano Oceja

La parroquia Santa María de Majadahonda a propuesta de los grupos involucrados en el Plan Diocesano de Evangelización  y con la aprobación del Consejo de Pastoral de la misma, decidió retomar una actividad muy querida en la comunidad: las charlas-coloquio “Conversaciones en Majadahonda”.

El primer encuentro se ha celebrado con éxito la Casa de la Cultura. La sala polivalente estaba totalmente abarrotada e incluso algunos siguieron el acto de pie o sentados en el suelo.

El conferenciante fue José Francisco Serrano Oceja es periodista y profesor de la Universidad CEU-San Pablo, ex decano de la Facultad de Humanidades y CC de la Información de la Universidad CEU-San Pablo, así como profesor visitante la Universidad Eclesiástica San Damaso, además de autor de números libros entre los que figuran “La Iglesia frente al terrorismo de ETA” (2001), “¿Medios de comunicación?. Guía para padres y educadores” (2003), “Rouco Varela, el cardenal de la libertad” (2014) y “50 años de la Conferencia Episcopal Española” (2016).

Otro gran periodista, Rafael Ortega, creador del periódico Avenida hace más de 25 años, fue el encargado de hacer la presentación del personaje invitado para el inicio de estas Conversaciones en Majadahonda.

José Francisco Serrano Oceja, a lo largo de su intervención analizó la situación del cristianismo actualmente y cual era la visión del Papa Francisco en un mundo que se debate entre el pasado y un futuro que no llega. Después de su exposición, los asistentes le formularon numerosas preguntas basadas en sus dudas e inquietudes.

Al conluir la charla- coloquio, el párroco de Santa María le hizo entrega de una fotografía de casracter histórico como un recuerdo de su intervención ante la comunidad parroquial

Incluimos aquí un resumen de la Conferencia de José Francisco Serrano Oceja

Confesiones de un perplejo instalado en las periferias

Tengo que aclarar que el género confesión es un género que nace en la misma entraña de la sinceridad de la vivencia de la fe. No hace falta que cite a quien puso la primera piedra: San Agustín. Y que en este caso, la perplejidad se trata de la forma de mirar el mundo desde la atalaya de las periferias. Para entender de qué hablo cuando hablo de las periferias, recomendaría el libro de Andrea Riccardi, recientemente aparecido en España, titulado “Periferias” (ed. San Pablo). Perplejo, por cierto, según nuestro diccionario normativo es quien está “dudoso, incierto, irresoluto y confuso”.

Voy a compartir una serie de perplejidades que son dudas, incertidumbres que la realidad social me genera. Y lo voy a hacer en clave de sorpresa, no se sospecha. Lo propio del cristiano es la sorpresa, la novedad que genera la sorpresa de la gracia, no la sospecha.

El Papa Francisco ha puesto a la Iglesia en posición de salida, y nos ha colocado en el contexto y en la mentalidad de las periferias. Se acabó, por tanto, el tiempo de recreo. Salir a las periferias es algo más que una idea persuasiva de éxito; es una pedagogía que el Papa va definiendo cada día con su palabra y con sus gestos. Ha introducido, en la Iglesia actual, más que conceptos, un estilo, una forma de enseñarnos a mirar, a entender, a amar. No olvidemos que poder y autoridad fluyen del centro a la periferia. ¿Y si le damos la vuelta?

Por cierto. Para entender al Papa Francisco, como ha dicho recientemente Julián Carrón, en una entrevista en la revista cultural Jot Down, hay que entender el reto en el que estamos inmersos. Si no entendemos el reto, no entendemos al Papa. “El papa –ha dicho- ha significado y significa un revulsivo. En una realidad de las dimensiones de la nuestra, no todos han reaccionado con la misma inmediatez, como lo vemos en la vida de la Iglesia. Nosotros no somos distintos. Todo depende un poco, en mi opinión, de lo que decíamos al principio: si entendemos cuál es la naturaleza del desafío. Al papa Francisco solo se le puede entender si se entiende cuál es la naturaleza del reto ante el que estamos. Si no entendemos este desafío, pensamos que es una cuestión de acento, de que el papa es latinoamericano, y nos quedamos en lo superficial”.

Andrea Riccardi es hoy uno de los más fieles intérpretes del pensamiento y de la teología del Papa Francisco, aunque el Papa no necesite de muchos exégetas dado que se le entiende con suma claridad. Sin embargo, es bueno que personas de diversas procedencias nos ayuden a articular la novedad que representa este pontificado. No debemos olvidar que el entonces arzobispo de Buenos Aires dijo, en las reuniones previas al cónclave de 2013: “La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir a las periferias, no solo las geográficas, sino también las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria”.

El Papa Francisco no cree en la hegemonía social de la Iglesia, -inviable ahora, por otra parte-, sino en la fascinación de la bondad y del amor. Una Iglesia minoría obstinada en la defensa de los valores no negociables puede peder su fuerza de atracción. Recordemos que a los obispos norteamericanos el Papa les dijo que “el lenguaje duro y belicoso de la división no es propio del pastor, no tiene derecho de ciudadanía en su corazón”. De ahí que las periferias se conviertan ahora, ante la profanidad de los retos en los que estamos inmersos, en razón y método, en método y razón, de la Iglesia en misión, de la Iglesia en salida, de la geopolítica vaticana, de la geopolítica teológica.

Hoy debemos reflexionar, de nuevo, sobre la tercera Iglesia que llama a las puertas, de Walter Bühlmann, o de la tercera Iglesia de Philip Jenkins, el cristianismo profundamente asociado a la pobreza; sobre la historia del senador francés Corbon, o la del cardenal Emmanuel Suhard, o del párroco italiano Primo Mazzolari, o las de Madeleine Delbrêl, el archimandrita Feodor Bucharev,  la monja María Skobtsova, o la del sacerdote secularizado Giussepe Sandri.

Como dijera el Papa Francisco a los superiores generales de las comunidades religiosas: “Yo estoy convenido de una cosa: los grandes cambios de la historia se realizan cuando la realidad se ve no desde el centro, sino desde la periferia. Es una cuestión hermenéutica: se comprende la realidad solamente si se la mira desde la periferia, y no si nuestra mirada parte de un punto equidistante de todo”.

La periferia también está en la ciudad. El 52 % de la población mundial vive en grandes ciudades. Un cifra que alcanzará, en el 2050, el 70%.  La población urbana de Europa es el 70%, y en América Latina el 80%. Según el sociólogo Manuel Castells, el patrón de crecimiento metropolitano es la expresión de dos procesos característicos de nuestro tiempo: la globalización y la revolución de las tecnologías de la comunicación.

Desde que era arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio manifestó una especial sensibilidad hacia el problema de la presencia del Evangelio en las grandes ciudades. El 25 de agosto de 2011 pronunció un relevante discurso en el primer Congreso Regional de la pastoral urbana. Afirmó que “la Iglesia en sus inicios se formó en las grandes ciudades de su tiempo y se sirvió de ellas para expansionarse”. De los primeros siglos del cristianismo se conoce su expansión en algunas grandes ciudades, lo que no significa que sea un fenómeno urbano. La fe cristiana se extendió desde las periferias palestinenses hasta Roma, centro de la “ekumene”. En ese proceso acumuló una rica experiencia urbana, mientas se presentaba como una religión con vocación universal.

Cuando el Papa Francisco recuerda que “Dios vive entre ciudadanos”, está diciendo que Dios está presente en la historia. Y como señala el teólogo argentino Carlos María Galli, si de Dios es más lo que no sabemos que lo que sabemos, de cómo hacer presente el cristianismo en las grandes ciudades es también más lo que no sabemos que lo que sabemos. La pregunta sobre el cristianismo en las cosmópolis es la cuestión de cómo articular un cambio de mentalidad en la Iglesia respecto de la misión; cómo dialogar con la multiculturalidad; cómo prestar atención a la religiosidad del pueblo; y cómo atender a los pobres urbanos.

Vivimos también en la Iglesia tiempos de “desplazamientos”, que no quiere decir de oportunismos, ni de cambio de sastrería. La definición de Marcel Gauchet del cristianismo como la “religión de la salida de la religión” acompaña la invitación del Papa Francisco a la Iglesia, a los nuevos movimientos y realidades eclesiales, a “dejar de ser autoreferencial y salir a las periferias”. Una trayectoria que no significa que la circunferencia esté en todas partes y su centro en ninguna. El Papa alienta un camino que nos permitirá conocer mejor la superficie y profundidad del centro en la medida en que hayamos recorrido la travesía hacia la periferia.

José Francisco Serrano Oceja

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